
En un mundo verde, tan amplio y grandioso, vivía una diminuta oruga, pequeña como un grano de arena. Se llamaba Pip y le encantaba masticar hojas tiernas para el desayuno, la cena y el almuerzo.
Una mañana soleada, Pip sintió una atracción, un susurro de asombro que llenó su corazón. "¡Quiero ver más!" pensó con un suspiro: "¡Más allá de esta hoja, bajo el cielo azul!"
Entonces Pip comenzó a moverse y arrastrarse por el tallo, mientras los demás todavía dormían. Cada pequeño paso, una nueva y valiente zancada, con todo el amplio jardín esperando afuera.

Se encontró con un escarabajo muy activo, con un caparazón tan brillante, que pasaba corriendo junto a ella, día y noche. "¡Hola!" -llamó Pip, pero el escarabajo simplemente zumbaba, demasiado ocupado para charlar, en el jardín tan florecido.

Vio una mariquita, con manchas muy limpias, disfrutando de un dulce y azucarado manjar. "¿Es el mundo grande?" Pip preguntó con un vistazo. La mariquita sonrió, "¡Mucho más grande que profunda!"

Los días se convirtieron en semanas, mientras Pip exploraba, nuevos aromas, nuevas vistas que adoraba. Desde altas briznas de hierba hasta pétalos tan grandiosos, viajó a través de la tierra mágica.

Pero pronto, una nueva sensación empezó a crecer, una calidez somnolienta, suave y lenta. Pip supo que era el momento de descansar y soñar, envuelto en una manta, junto a un rayo de sol.

Tejió una cama de seda, cómoda y ajustada, y se quedó dormida, día y noche. El jardín aguardaba, silencioso y quieto, mientras Pip soñaba con maravillas, sobre la colina.

Pip, ahora una mariposa, se elevó hacia el cielo, "¡El mundo es asombroso!" cantó mientras volaba alto. Desde un pequeño masticador verde hasta alas en la brisa, bailó con las flores y jugó con los árboles.



Comentario