Érase una vez un gran bosque en el que se alzaba un árbol muy alto. En aquel árbol vivía una pequeña hoja llamada Curiosín.
Era rojo como una manzana y amarillo como el sol. ¡Y era todo un travieso! Durante todo el verano se mecía en su rama. Balanceo, balanceo. Hacía cosquillas en la barriguita de los pájaros y susurraba con sus amigas las hojas. Sus, sus. Sus, sus.

Entonces llegó el otoño. Las hojas comenzaron a caer de las ramas, despacio y en silencio, una tras otra. Caían sobre un montón blandito bajo el árbol, donde se acurrucaban juntas para pasar el invierno.
«¡Ven con nosotras, Curiosín!», llamaron las hojas desde abajo.
Pero Curiosín negó con su cabecita. «¡Todavía no! ¡Primero quiero ver qué sucede en el bosque durante el otoño!»
Entonces llamó: «¡Brisita, Brisita, ven a ayudarme!»

¡Fiiii! Brisita llegó corriendo. Era la mejor amiga de Curiosín.
«Te llevaré por todo el bosque», dijo Brisita. «¡Agárrate fuerte!»
Entonces sopló. Curiosín se soltó de la rama y echó a volar.
Fiu, fiu, Brisita me lleva. Sigo volando. ¿Qué encontraré?

Primero llegaron a un haya muy alta. Ardilla saltaba de rama en rama y escondía nueces en un hueco. ¡Croc, croc!
Curiosín se tambaleó y... ¡pum! Cayó justo encima de la bellota de Ardilla.
«¡Je, je! ¡Tú no eres una bellota!», rio Ardilla.
«Guardo mis nueces para tener algo rico que comer en invierno».

¡Fiuuu! Brisita levantó a Curiosín y lo llevó más lejos.
Fiu, fiu, Brisita me lleva. Sigo volando. ¿Qué encontraré?
Erizo hacía ruido bajo un arbusto. Llevaba hojas sobre sus púas para preparar un nido acogedor. ¡Resopla, resopla!
Curiosín voló demasiado bajo y... ¡zas! Quedó enganchado en una de las púas de Erizo.
«¡Mira, otra hoja para mi camita!», dijo Erizo muy contento. «Dormiré en ella durante todo el invierno».
«¡No, no! ¡Todavía quiero seguir volando!», rio Curiosín. Brisita lo sopló de nuevo hacia el aire.

Fiu, fiu, Brisita me lleva. Sigo volando. ¿Qué encontraré?
Ratona correteaba por el prado. ¡Pii, pii! Llevaba semillas hasta su madriguera.
«¡Mira, mi despensa ya está llena!», dijo Ratona orgullosa.

Fiu, fiu, Brisita me lleva. Sigo volando. ¿Qué encontraré?
Tejón cavaba junto a un viejo tocón. ¡Rasca, rasca! Llevaba hierba seca y hojas a su casa subterránea.
«¿Qué haces, Tejón?», preguntó Curiosín.
«Estoy preparando mi camita para dormir calentito y cómodo en invierno», murmuró Tejón.

Fiu, fiu, Brisita me lleva. Sigo volando. ¿Qué encontraré?
Rana estaba sentada junto al estanque. ¡Croac! Entonces hizo ¡chapuzón! y se enterró en el barro blandito.
«Dormiré bajo el agua hasta que llegue la primavera», croó.

Fiu, fiu, Brisita me lleva. Sigo volando. ¿Qué encontraré?
Entre las piedras había una pequeña guarida. Serpiente asomó la cabeza. Sss, sss. Despacio, se enroscó formando una bolita acogedora.
«Me acurrucaré y me dormiré», siseó muy bajito.

Fiu, fiu, Brisita me lleva. Sigo volando. ¿Qué encontraré?
Por fin llegaron a una gran cueva. Oso estaba delante y bostezó. ¡Aaaah! Con una pata preparó una cama de musgo blandito y entró despacio.
«Buenas noches, hojita», murmuró Oso. «Nos veremos en primavera».
Curiosín también bostezó. Aaaah...

«Brisita», susurró, «todos los animales se preparan para dormir. Creo que yo también quiero volver a casa».
Brisita sopló muy suavemente. Fiiii... fiiii... Llevó a Curiosín de vuelta por encima de la cueva, de la pequeña madriguera y del estanque, hasta llegar al árbol alto. Allí lo dejó con muchísimo cuidado sobre el montón de hojas.

«¡Curiosín ha vuelto a casa!», susurraron las hojas. Sus, sus. Se acurrucaron muy juntitas a su alrededor para que estuviera calentito.
Curiosín respiró hondo... y soltó el aire. Ufff. Apoyó su cabecita roja y amarilla sobre una almohada blandita hecha con sus amigas las hojas. Estaba calentito y feliz.
Todavía les susurraba: “Vi a Ardilla… y Erizo… y Tejón… y Oso…” Pero sus ojos se estaban cerrando, lentamente, muy lentamente.
Brisita sopló una última vez, tan suave como una canción de cuna. Fiiii...
Y Curiosín se quedó dormido.

La ardilla está durmiendo. El erizo está durmiendo. El oso está durmiendo en su guarida… y ahora tú también estás durmiendo.
Buenas noches.

Comentario