Es Nochebuena en la acogedora madriguera bajo la colina.
El conejito Tico no tiene sueño. Ni un poquito.
Mueve las patitas. Mueve la nariz. Y también mueve sus largas orejas.

Mamá Coneja sonríe. «Vamos a dar las buenas noches a la Navidad», dice. «Quizá así te encuentren tus ojitos soñolientos».
En una cesta junto al fuego, Eriza, la mejor amiga de Tico, pasa la noche de Navidad. Está hecha una bolita y duerme profundamente. Su pequeña nariz se mueve mientras sueña.
«Buenas noches, Eriza», dice Tico en voz baja.
Sus grandes orejas caen un poquito. Un poquito más dormido.

Mamá lleva a Tico hasta la ventana. La nieve cae despacio, blanca y suave.
Shhh… shhh…
«Buenas noches, nieve», dice Tico.
Sus ojos parpadean despacio. Parpadeo… parpadeo.

En lo alto del cielo aparecen las estrellas. Brillan sobre la colina nevada.
«Buenas noches, estrellas», dice Tico.
Aún más dormido.

El viento canta suavemente al pasar junto a la ventana.
Fuuuu…
«Buenas noches, viento», susurra Tico.
Ahora su voz es muy pequeñita.

Mamá arropa a Tico en la cama.
Una manta suave. Una almohada suave. Un beso suave en la nariz.

Al otro lado de la habitación, su calcetín cuelga junto al fuego. Ahora está vacío. Esperando la mañana.
«Cuando despiertes», susurra Mamá, «será Navidad».

Tico sonríe. Sus ojos se cierran.

La nieve cae sobre la colina silenciosa. A lo lejos suena una campanita.
Tin…
Buenas noches, Navidad.
Buenas noches, conejito Tico.
Duerme bien.

Fin.

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