En un pequeño prado, donde siempre brilla el sol,
Vivía el viejo y alegre Bob, el guardián del tomillo.
Su jardín, tan vibrante, de flores y de rocío,
Y el plato especial de Bob fue el estofado de abejorro.
Los abejorros bailaron a la luz del día,
Zumbando de alegría, a su manera melodiosa.
Sus alas brillarían, doradas y azules,
Mientras bailaban de alegría con Bumblebee Stew.
Bob nunca les hizo daño, oh, no, él no.
Su guiso no estaba hecho de abejorros, ¿sabes?
Bailaba con ellos, reía, cantaba canciones también.
Y le regalarían la miel para Bumblebee Stew.
La miel era dorada, dulce y tan fina,
Bob lo mezclaría con tomillo y un toque de vino blanco.
Con verduras de la huerta, en una maceta todo voló,
Hervido a fuego lento con amor, eso era Bumblebee Stew.
Un día, una libélula, gruñona y mala,
Llegó al prado, perturbando la escena.
"He oído", se burló, "sobre tu famoso brebaje de miel,
¡Exijo una olla grande de estofado de abejorro!
"Querida libélula", dijo Bob con una sonrisa,
“Mi guiso lleva tiempo, puede que tarde un poco.
Pero si quieres ayudar, hay algo que puedes hacer.
Ayuda a recolectar la miel para Bumblebee Stew”.
La libélula se burló: “¿Trabajo, dices?
Prefiero arrebatarlo y volar”.
Entonces, recogió la olla, pero no pudo alejarse,
Porque la olla estaba vacía; el guiso no floreció.
"Oh, libélula", zumbaron los abejorros,
“Tus acciones nos han dejado a todos bastante desconcertados.
El guiso no es sólo miel, tomillo y brebaje,
Es la alegría y el baile de Bumblebee Stew”.
La libélula parpadeó, sintiéndose bastante pequeña.
En la pradera vibrante, se dio cuenta de todo.
Entonces reía, bailaba, cantaba canciones también,
Y ese día, probó el verdadero Bumblebee Stew.
El cuento del prado, la libélula y el guiso,
Susurra una lección, profunda y verdadera.
Ya seas una persona o una criatura que voló,
La bondad y la alegría hacen el mejor tipo de bebida.
Entonces, escucha, querida mía, mientras la noche cae de nuevo,
Sueña con la pradera, las abejas y su melodía,
Y recuerda, como el dulce rocío de la mañana,
El ingrediente mágico está en la alegría que elaboras.
El fin.










El cuento del estofado de abejorro