En lo profundo de Tickly-Toe Meadow, donde la hierba siempre parecía hacerte cosquillas en los pies y las margaritas se movían cuando no mirabas, vivía un pequeño erizo llamado Hugo.
Hugo tenía un pequeño problema: ¡odiaba tanto los abrazos!
No porque estuviera de mal humor. No porque no le agradaran sus amigos. Sino porque, bueno… ESTABA CUBIERTO DE PUNTAS.

Cada vez que alguien intentaba abrazarlo, ¡AY! Sus pobres amigos terminaron pareciendo alfileteros.
Un día, su mejor amigo, el conejito Benny, saltó y dijo: "¡Hugo! ¡Hoy es el Día de la Amistad! ¡Todos nos damos abrazos grandes, cálidos y tiernos!".

Las púas de Hugo se movían nerviosamente. "Uh... ¿qué tal una buena ola?"
Benny frunció el ceño. "Los abrazos son importantes, Hugo. ¡Demuestran que te preocupas!"
Hugo tragó saliva. ¡A él sí le importaba! ¡Pero la última vez que intentó abrazar a alguien, la señora Turtlebottom pasó una hora sacando cardos de su caparazón!
Mientras Benny se alejaba rebotando, Hugo suspiró. Necesitaba una solución.
Entonces, se dirigió al animal más sabio de la pradera. Owliver el búho.
“¡Owlliver!” Hugo llamó. “¿Cómo puedo dar abrazos sin pinchar a todos como si fueran un cactus andante?”
Owliver parpadeó. “Hmm… ¿has intentado usar una almohada?”
Hugo lo intentó. Se envolvió en una almohada mullida y caminó como un pato hacia sus amigos como un malvavisco con patas.
“¡Aquí viene Hugo el abrazador!” anunció.
Benny corrió emocionado, "¡Yay! ¡Abrazo de amistad!" y ¡POOF! La almohada explotó, cubriéndolos con una nube de plumas.

“¡ACHO!” -estornudó Benny-.
"Bueno", dijo Owliver, arrancándose una pluma de su pico, "Eso fue un desastre suave".
Hugo suspiró. "Supongo que nunca seré un abrazador..."
Entonces, Benny tuvo una idea. “¡Espera un segundo! ¡Los abrazos no son la única forma de demostrar amor! ¡Podrías… chocar esos cinco!”
Los ojos de Hugo se iluminaron. “¿Con mis patas, no con mis púas?”
“¡Exactamente!”
A partir de ese día Hugo se convirtió el rey de los choques de manos.
Chocó los cinco con Benny.

Chocó los cinco con la señora Turtlebottom (que era muy aliviado).

Incluso chocó los cinco con Owliver (que nunca antes había chocado los cinco y casi se cae de la rama).

¿Y sabes qué? Sus amigos se sintieron tan amados como si hubieran recibido un abrazo sin parecer alfileteros.

¿La lección?
Siempre hay una manera de mostrar amor y bondad, incluso si los abrazos no son lo tuyo. ¡A veces, chocar los cinco, una sonrisa o incluso un pequeño baile tonto pueden significar lo mismo!

Y si alguna vez visitas Tickly-Toe Meadow, no olvides chocar los cinco con Hugo, ya sabes... no un abrazo.
El fin

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