Este es Hugo el erizo. Hugo tiene púas y una bufanda amarilla.

¡Esta noche es Halloween! Hugo quiere una calabaza grande.
Es una mañana soleada. Hugo va al campo de calabazas. Pasito, pasito, pasito.

Aquí hay una calabaza pequeña. Aquí hay una mediana. Y aquí… ¡una calabaza enorme!

Hugo empuja. ¡Mmmm! Empuja todavía más fuerte. ¡Mmmmmmm!

La calabaza se mueve. ¡Rueda, rueda, rueda! ¡Va colina abajo!
«¡Para, calabaza! ¡Para!», grita Hugo mientras corre tras ella.

La calabaza pasa rodando junto a la conejita Lola. ¡Hop! Lola salta por los aires.

La calabaza pasa rodando junto a la ardilla Rita. ¡Fuuu! Las hojas vuelan por todas partes.

La calabaza rueda hacia el topo Mateo. Mateo asoma la cabeza desde la tierra. «¿Qué es eso?»
¡Pum! La calabaza se detiene justo encima de la topera.

Hugo llega corriendo. Lola también. Y Rita también. ¡Uf, uf, uf!
«Mateo, ¿estás bien?» Mateo sale y se echa a reír. «¡Ji, ji! ¡Menudo paseo!»

«¿Me ayudáis a llevar la calabaza a casa?», pregunta Hugo. «¡Sí!», responden sus amigos.
Rueda, rueda, rueda… hasta la casa de Hugo bajo el manzano. Hugo trae una cuchara y una caja de pinturas.

Rita saca las semillas. Lola pinta los ojos. Mateo pinta la nariz.
Y Hugo pinta una sonrisa enorme. ¡La calabaza está sonriendo!

El sol se pone. Hugo coloca una pequeña vela dentro de la calabaza. ¡Titila!

Hugo extiende una manta suave. Los amigos se sientan alrededor de la calabaza luminosa. Están calentitos y a gusto.

Lola bosteza. Aaaah. Rita bosteza. Aaaah. Mateo bosteza. Aaaah.
Hugo se acurruca junto a la calabaza y susurra: «Buenas noches, calabacita.»

Todos duermen. La calabaza brilla en silencio. Buenas noches. Fin.


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