Yawnkin es un pequeño monstruo peludo con dos cuernos diminutos, cuatro dientecitos y un bostezo enorme. Esta noche es Halloween. La luna está redonda, las calabazas brillan y las hojas naranjas susurran junto al camino.
Todos quieren quedarse despiertos para disfrutar de una noche divertida y espeluznante. Pero Yawnkin ya siente cómo le crece un bostezo en lo más profundo de la barriga. Inspira lentamente… y lo deja salir.
«Yaaaawn...»
El bostezo sale redondo y cálido como una nube que flota. Yawnkin parpadea. —¿Tú también notas que te crece un bostecito? —susurra. Después sonríe—. Vaya, justo en Halloween.

Yawnkin se pone su pequeña capa negra y camina por el sendero iluminado por la luna. En la puerta, un pequeño fantasma se esconde detrás de una calabaza. Él espera… y espera… Luego—«¡BOO!»
Yawnkin da un salto. El fantasma se ríe.

Pero otro bostezo ya sube de puntillas por la garganta de Yawnkin. Su barriga peluda se eleva al inspirar. Entonces…«Yaaaaawn...»
El fantasma parpadea una vez y luego otra. —Buuu… aaah… Sus párpados pesan, sus brazos flotantes caen y su sábana blanca se posa sobre un montón de hojas crujientes. Suave… más suave… quieto.
En un instante, el pequeño fantasma queda profundamente dormido. Yawnkin se ríe bajito. —A veces pasa.

Más adelante, junto a una valla, baila un pequeño esqueleto. ¡Clac, clac! Mueve los codos, sacude las rodillas y gira sin parar. —¡Puedo bailar toda la noche!

Yawnkin sonríe, pero sus ojos comienzan a lagrimear y sus diminutos cuernos se mueven. Respira lentamente... profundamente... y...«Yaaaaaaaawn...»
El esqueleto se queda inmóvil. —Oh. Sus hombros caen y sus rodillas tiemblan. Clac… clac… Se sienta junto a la valla y apoya la cabeza en una calabaza naranja. Sus pies dejan de golpear… bueno, casi. Un dedito se mueve dos veces y después se detiene. —Zzzzz…

Yawnkin llega pronto al huerto de calabazas. Una pequeña bruja surca el cielo en su escoba. —¡Yujuuu! Rodea la luna, pasa veloz sobre las calabazas y desciende hacia Yawnkin.
—¡Feliz Halloween! —se saludan.

Oh no, aquí viene otro bostezo. Yawnkin respira profundamente y lo deja flotar suavemente. «Yaaaaaaaaawn...»
La bruja parpadea y su escoba se tambalea. —Vaya… aaah… Sus hombros se relajan y la escoba vuela cada vez más despacio… hasta que, ¡puf!, aterriza suavemente sobre un montón de heno.
La bruja se acurruca en su escoba como si fuera la almohada más acogedora del mundo. Su sombrero puntiagudo se desliza sobre sus ojos. «Zzzzz...»

Halloween está más tranquilo. Cruj… cruj… hacen las hojas bajo los pies de Yawnkin. Entonces una vocecita chilla desde arriba: —¡Yo no tengo sueño!
Un pequeño murciélago cuelga boca abajo de un árbol. —Duermo de día y me despierto por la noche. ¡Tus bostezos nunca funcionarán conmigo!

Yawnkin intenta no reírse. Un cosquilleo crece dentro de su barriga. Inspira, levanta los hombros y todo se relaja mientras exhala.«Yaaaaaaaaawn...»
El murciélago lo mira fijamente. —No. Yo no estoy… Parpadea. —…cansado… Entonces abre su pequeña boca. —Pii… aaah…
Sus párpados se cierran mientras sus patas siguen bien sujetas a la rama. Primero un ala y luego la otra lo envuelven como una manta cálida. Pronto sus pequeños ronquidos recorren el árbol. —Pii… pii… pii…
—Buenas noches, pequeño murciélago —dice Yawnkin.

Por fin, Yawnkin llega a la plaza del pueblo. Linternas naranjas brillan en las ventanas, calabazas brillan a lo largo del camino y la luna cuelga sobre los tejados. Todo se está quedando quieto.
Yawnkin piensa en el fantasma entre las hojas, en el esqueleto junto a la calabaza, en la bruja sobre el heno y en el murciélago envuelto en sus alas. Entonces siente crecer un último bostezo en lo más profundo de la barriga.
Este bostezo no es grande ni alocado. Es lento, suave y cálido. Yawnkin cierra los ojos, toma el aliento más pausado de toda la noche y lo deja salir con delicadeza. «Yaaaaaaawn...»
El bostezo silencioso recorre la plaza como una manta cálida. Las hojas dejan de bailar, los faroles parpadean y las calabazas brillan con más suavidad. Hasta la noche parece inspirar… y espirar… Halloween se vuelve cada vez más tranquilo.

Yawnkin emprende el camino a casa. Sus pasos son cada vez más lentos, sus brazos pesan y sus ojos parpadean una vez… y otra… Pasa junto al fantasma, el esqueleto, la bruja y el murciélago dormidos. Todos están tranquilos, calentitos y profundamente dormidos.

De regreso a casa, Yawnkin se quita la capa y se acurruca formando una bolita cálida. Sus brazos se relajan. Sus piernas se relajan. Sus diminutos cuernos se hunden en su suave almohada.
Afuera, las calabazas brillan bajo la luna. Los ojos de Yawnkin pesan cada vez más… hasta que se cierran. Respira lentamente por última vez y su enorme bostezo de Halloween se convierte en un diminuto susurro de buenas noches.
«Yaaawn...»
Chsss… Buenas noches, pequeño fantasma. Buenas noches, esqueleto. Buenas noches, pequeña bruja. Buenas noches, murciélago. Y buenas noches, Yawnkin. Feliz Halloween.

Fin
Lee la primera aventura soñolienta de Yawnkin

A mi hija de tres años le encantan las historias de Yawnkin.