Ellie acababa de empezar preescolar. Cada mañana entraba en clase con su pequeña mochila. Había muchos niños jugando. Algunos construían torres altas. Otros jugaban con muñecas. Otros hacían dibujos llenos de color. Pero Ellie era muy tímida. No sabía cómo preguntar: «¿Puedo jugar yo también?». Así que normalmente iba a su estantería favorita: la de los puzles.

A Ellie le encantaban los puzles. Le encantaba encontrar las piezas correctas. «Aquí va la azul», susurraba. «Y aquí va la estrellita amarilla». Cada día, Ellie se sentaba a la mesita y hacía un puzle ella sola.

Una mañana, Ellie eligió su puzle favorito. Tenía animales, árboles, flores y un sol grande y brillante. Colocó una pieza. Después otra. Y otra. Pronto, el puzle estuvo casi terminado. Pero… ¡faltaba una pieza! «Oh, no», dijo Ellie.

Miró debajo de la mesa. La pieza no estaba. Miró debajo de la silla. La pieza no estaba. Miró junto a la caja de juguetes. La pieza seguía sin aparecer. Ellie vio a unos niños cerca. Quería pedirles ayuda, pero le daba demasiada vergüenza.

Así que Ellie fue a ver a su maestra, la señorita Mimi. «Señorita Mimi», dijo Ellie en voz baja, «me falta una pieza del puzle». La señorita Mimi sonrió. «Conozco a alguien a quien quizá le gustaría ayudarte».

Llevó a Ellie hasta una niña llamada Monique. Monique estaba sentada en la alfombra con una caja de puzles. «A Monique también le encantan los puzles», dijo la señorita Mimi. Monique sonrió a Ellie. «¿Quieres que la busquemos juntas?». Ellie sonrió un poquito. «Sí, por favor».

Las dos niñas buscaron juntas. Miraron cerca de los libros. Miraron cerca de los bloques. Miraron dentro de las cajas de puzles.

Entonces Monique abrió su caja de puzles. ¡Y allí estaba! Era una pequeña pieza con una hoja verde. «¡La encontramos!», exclamó Monique. Ellie se echó a reír.

Juntas colocaron la última pieza en el puzle. ¡Clic! Encajó perfectamente.

A la mañana siguiente, Ellie volvió a preescolar. Pero esta vez no se sentó sola en la mesa de los puzles. Monique la estaba esperando. «He guardado este puzle para nosotras», dijo. Ellie sonrió. Y desde aquel día, las dos amigas hicieron sus puzles… juntas. Fin.


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